El Misterio del Cartabón
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Yo estaba sentaba encima de una mesa rodeada de mis mejores amigas, entre ellas estaba Alba, con la que mejor me llevo. Estábamos hablando de lo que íbamos a hacer esa tarde, pero entró Ana la profesora de Plástica y nos fuimos cada una a nuestro sitio. Ana era una mujer de unos treinta años, simpática y muy querida por casi todos los alumnos. Tenía el pelo castaño claro, los ojos oscuros muy expresivos, su tez era clara y bastante alta, aunque no demasiado. Entró con aire preocupado, intentó ocultarlo dirigiéndonos una alegre sonrisa, pero sus gestos delataban una gran tensión. Se sentó en la silla que estaba situada detrás de la mesa del profesor y estuvo un par de minutos en silencio con la mirada perdida. Sólo unos pocos nos dimos cuenta de la preocupación que albergaba. Se levantó y colocándose frente a la pizarra dijo: - Sofía – una alumna que se sentaba en la primera fila - ¿Qué teníamos que hacer hoy? - Seguir con el dibujo de las témperas – respondió la niña. - Pues… Ya estáis tardando ¡Vamos! La clase transcurrió con normalidad. Ana sólo se dedicó a mirar a la ventana cada cinco minutos. Nada más tocar el timbre que anunciaba el final de la clase, Ana se marchó a la velocidad de la luz a su siguiente clase. Alba y yo salimos al pasillo a tiempo para observar como la profesora rompía un papel en mil pedazos y se los guardaba en el bolsillo del abrigo, en ese mismo instante, bajó las escaleras y la perdimos de vista. No le dimos mucha importancia, hasta la hora del recreo… Ya eran las once y diez, mis amigas y yo bajamos al patio y nos extrañó mucho ver un grupo de alumnos arremolinados en el aparcamiento de los profesores. Conseguimos abrirnos paso entre la multitud y observamos, atónitas, el coche de Ana. La puerta del conductor estaba abierta y había manchas de sangre en el asiento y en el suelo, pero curiosamente, lo que más me extrañó fue que, a la cuidadosa profesora de Plástica, le faltaba el cartabón en el estuche de reglas, pero no lo comenté con nadie porque me pareció una tontería. Durante el resto de la mañana y del día siguiente llegaron varios policías a nuestra clase para preguntarnos sobre Ana, puesto que éramos los últimos que la habíamos visto. Les contamos la cara de preocupación del día anterior y el extraño hecho de la carta, al cual no encontraron ninguna explicación. Todo el mundo estaba preocupado por la desaparición de la profesora, puesto que era my querida por todos, pero casi nadie se atrevía a comentarlo. El cuarto día ocurrió algo inimaginable… a primera hora de la mañana apareció por la puerta principal Ana, la profesora de Plástica. Antes de que nadie pudiera decir nada, Ana dijo: - Sí, os debo una explicación. A la hora del recreo nos reunimos todos en el salón de actos, entonces Ana comenzó a hablar. - Veréis, lo que pasó es que me había dejado el estuche en la guantera del coche. Me dí cuenta y bajé a por él, pero… al agacharme, me… di con el volante en la cabeza, tan fuerte que perdí el conocimiento - Se oyó una fuerte risotada de la mitad de los presentes- y lo último que recuerdo es que ayer me desperté en el hospital, porque el electricista me había visto y me llevó al hospital, y como me dejé la documentación en el abrigo, no sabían quien era. - Todo el mundo se quedó en silencio, hasta que yo me levanté y pregunté: - ¿Y por qué estabas tan preocupada en clase? ¿Y qué era ese papel que rompiste? Ana se ruborizó al decirlo: - Yo sí… es que… me he gastado este mes 500 €uros en el móvil y claro estaba “preocupada” y el papel … era la factura. Todo el mundo comenzó a reír, hasta Ana, y justo cuando yo iba a preguntarle sobre el cartabón… ella dijo: - Por cierto… ¿habéis visto mi cartabón, creo que lo dejé en alguna clase? |
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Música: Titanic |
Nuria Cotillo Lameiro (2009) |
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